A LAS LUNAS DE VALENCIA

La experiencia de ensamblar música con imágenes que Mike Oldfield experimentó con la película The Killing Fields y el documental de la BBC Sutton Hoo hizo nacer en él la idea de crear sus propias imágenes para su música. Convertir su estudio de Denham en uno audiovisual le costó alrededor de un millón de libras y sus primeros pinitos fueron los video-singles de Pictures in the Dark y Shine, que en sus caras B incluían temas que parecían estar sacados de una banda sonora (de hecho el mismo The Path fue la cabecera del documental Reflection en 1977).

La laboriosa empresa de crear todo un video-álbum le llevó varios años de trabajo. En principio el LP Islands debería haberse publicado junto con el video-álbum The Wind Chimes, pero éste no pudo estar acabado hasta un año después, así que se le añadieron algunos videos antiguos para darle más atracción comercial al producto. El resultado gráfico final no fue excesivamente brillante y en poco tiempo toda la inversión quedó obsoleta, por lo que no tardó mucho Oldfield en deshacerse de su estudio de edición de video.

Varios años después las nuevas tecnologías le hicieron retomar el proyecto desde otra perspectiva: armado con un potente software de Silicon Graphics podía convertir su música en interactiva. La idea de confeccionar un juego de ordenador – como hizo Peter Gabriel con Xplora1 – quedó aplazada (allí hubiera encajado el tema Tubular World) y los esfuerzos se concentraron en crear imágenes para ambientar el álbum The Songs of Distant Earth de 1994, el primer CD musical con una pista interactiva.

Debieron pasar todavía unos años hasta que los ordenadores domésticos fueran lo suficientemente potentes como para soportar un juego de realidad virtual que integrara gráficos tridimensionales, música y simulación de vuelo. No existía ningún software específico, así que Oldfield necesitó de un equipo propio de programadores para poder desarrollar este proyecto (denominado inicialmente Sonic Reality y luego Music VR), que le mantuvo ocupado durante los primeros años del nuevo milenio.

No fue hasta principios de 2002 que Mike formalizó un nuevo contrato (esta vez con Warner Spain) que incluía la publicación del primer episodio de Music VR junto con un álbum de música chill out: Tr3s Lunas.

Tr3s Lunas se publicaría el 3 de junio de ese mismo año, pero el 30 de mayo se realizó su presentación mundial en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, a la que pude asistir gracias a la acreditación que me facilitó un viejo amigo de andanzas oldfilianas.

A media tarde me presenté con mi – por entonces – novia en la puerta que se había habilitado en el Hemisfèric, coincidiendo allí con los compañeros de Orabidoo y con Santi Ruiz, que mostraba orgulloso los discos que el artista le había rubricado unos momentos antes. Yo por si acaso llevaba mi vinilo de Ommadawn por lo que pudiera pasar.

Nada más entrar nos facilitaron un dossier de prensa. Más tarde, al salir, se nos obsequió con una copia del nuevo álbum, que habíamos podido escuchar por primera vez a través del sistema de megafonía durante todo el acto. Éste comenzó con una breve sesión fotográfica para seguir con una rueda de prensa. Durante la misma estuve sentado al lado de Jorge Andrés, que afortunadamente formuló un par de preguntas que se salieron de las directrices del dossier facilitado y que resultaron ser acertadas, puesto que luego se publicaron en la mayoría de medios. Por supuesto, Orabidoo realizó una minuciosa cobertura informativa del evento.

Presentación mundial Tr3s Lunas (Rueda de prensa)

Un rápido movimiento me permitió acceder al artista justo al finalizar la rueda de prensa, para mostrarle la carátula que quería que me firmara. Oldfield hizo el gesto de no hacerle mucha gracia el asunto de los autógrafos pero por alguna razón caí en gracia a su asistente que, indicando a los demás que yo iba a ser el único en disfrutar de ese privilegio, le pasó a Mike el vinilo para que estampara su rúbrica.

A continuación se nos emplazó a la sala Imax del recinto, donde pudimos disfrutar de la mejor parte del evento: la proyección en la enorme pantalla de una simulación del juego Music VR (música incluida) conducida por el propio Mike. Un momento en el que se tuvo que reiniciar el equipo fue aprovechado para formular más preguntas. Desde luego se podía apreciar que Mike se encontraba más cómodo explicando los entresijos de su juego que los detalles de su nuevo álbum. Se notaba dónde había concentrado sus esfuerzos: si bien el nuevo disco parecía bastante anodino, en cambio la música que acompañaba al juego sonaba imponente. La secuencia que nos dejó clavados en los asientos fue la del búho sobrevolando el paisaje nevado (bautizada por Brandom Blume como Snow Cavern Flight y que luego fue reutilizada en el álbum Light & Shade con el nombre de Ringscape): la enérgica guitarra eléctrica del tema nos recuperaba la mejor de las esencias de Oldfield.

Al acabar el recorrido por el juego se dio por concluido el acto. Seguidamente había organizada una fiesta privada de ambiente chill out en el mismo Hemisfèric, a la que ya no estábamos invitados. Vimos salir enseguida de ella a Andreu Buenafuente y a su entonces compañera Carolina Ferre. Nuestra estrella aguantó en ella bastante más, aunque tampoco permaneció hasta el final. Afuera ya anochecía. Mejor volver a casa que quedarse a las lunas de Valencia.

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