TUBULAR BACH (La fuga de ideas del pequeño Michael)

Hay melodías que marcan toda una vida. Tonadas que, queriéndolo o no, se encierran en nuestro cerebro y nos hacen ser prisioneros de ellas. A veces porque evocan un suceso en particular, otras por el mero hecho de tener algún tipo de poder hipnótico sobre nosotros. Eso debió sucederle a un jovencito Mike Oldfield con la Tocata y Fuga en Re menor de Johann Sebastian Bach. El lo recuerda así: “Me gustaba la música de órgano. Tuve un amigo – solía llamarle ‘el Reverendo’ porque era muy religioso – que era capaz de tocar la ‘Tocata y Fuga en Re menor’ de Bach con el órgano. No tendría más de doce años. Recuerdo cómo solía martillear entre una nota y un montón de otras, yendo y viniendo entre las diferentes notas para construir ese riff encantador y repetitivo. Tal vez esa fue mi primera inspiración para ‘Tubular Bells’, hace tantos años.

Tubular Bells (Mike Oldfield)

Este episodio sucedió mucho antes de que Oldfield pensara siquiera en dedicarse a la música. Todavía vivía en Reading y los pocos amigos que tenía le avanzaban bastantes años en edad. En su casa había un pequeño piano de cola que de vez en cuando solía tintinear, así que es muy probable que practicara alguna vez con esa melodía. Colgada de una pared también estaba la vieja guitarra que en navidad tocaba su padre. Con ella solo había practicado los tres acordes que éste le supo enseñar. Su hermana Sally, seis años mayor que él, trajo un día un amigo a casa: “Uno de los novios de mi hermana era bastante bueno con la guitarra acústica, sabía puntear con los dedos, al estilo realmente complejo que era popular en ese momento. Me impresionó mucho y eso me hizo empezar a querer tocar así también. Así que cogí la vieja guitarra que colgaba de la pared y comencé a juguetear un rato con ella. Empecé con los acordes Do, Fa y Sol. Luego aprendí un par más como La menor y Re”. Así nació su interés por la guitarra.

Sin embargo su aprendizaje se vio marcado por un acontecimiento dramático que daría un vuelco a toda su vida: su madre entró en una profunda depresión después de tener a un hijo con síndrome de Down, al que no llegaron a conocer sus hermanos. La infancia se le acabó a Mike con tan sólo 8 años, al dejar de existir vida familiar en el hogar. Convenció a su padre para que le comprara una guitarra acústica y se refugió en ella: “A cada momento libre estaba tocando esa guitarra. No hice nada más por lo menos en un año. Debía parecer totalmente obsesivo, pero para mí era una manera de escapar.”

The Sallyangie (1968)

A partir de entonces, Oldfield centró su existencia en la música. Todavía asistía a la escuela, pero con 12 años ya tocaba en clubes de folk locales. Un día, a la vuelta del colegio, escuchó sonar la quinta sinfonía de Beethoven desde el tocadiscos de su hermana Sally. “No podía creer la música que escuchaba. Estaba completamente cautivado. Al día siguiente fui a la fonoteca y alquilé toda clase de música clásica.”

No es de extrañar que al grabar su primer álbum con 15 años junto a su hermana sus influencias clásicas brotaran por sí solas, sobretodo aquella melodía de Bach con las que tantas veces habría practicado al piano y a la guitarra. El solo acústico que Mike Oldfield ejecuta al final del tema Balloons no es sino una adaptación a guitarra de la famosa fuga del compositor alemán. Entonces Mike no lo sabía pero la variación de ese tema llegaría a convertirse en la famosa introducción de Tubular Bells.

Por entonces la desmoronada familia Oldfield ya se había mudado a Harold Wood, en las afueras de Londres. Después de disolverse el dúo, Mike formó una efímera banda con su hermano Terry y luego entró como bajista en The Whole World, la banda de Kevin Ayers. Con 17 años se mudó a vivir al piso que una novia suya compartía en Pimlico, en Londres, aunque tuvo que volver temporalmente a casa de sus padres después de experimentar su primer ataque de pánico, desencadenado tras un mal viaje con el LSD: “Pasaba los días enteros en casa, escuchando un montón de música clásica. Escuché de todo, desde Sibelius a Beethoven o Bach, y también música religiosa. Encontré reconfortantes cosas como la Misa en Si Menor de Bach o el Réquiem de Fauré, tal vez porque tenían una dimensión espiritual pero de manera agradable y relajante. Cuando las escuchaba, me daban algo a lo que aferrarme.”

Estando en la casa familiar volvió a practicar con el piano, intentando crear melodías propias: “Mientras jugueteaba con el piano empecé a trazar algunas ideas en un cuaderno. […] Tenía algunos de los instrumentales improvisados de guitarra acústica que solía tocar con mi hermana y algunos fragmentos y trozos que había hecho con Kevin Ayers. Metí aquellos también, y con el tiempo, una pieza de música empezó a juntarse.” Eran los primeros esbozos de su ópera prima.

Mike Oldfield (1970)

Continuó formando parte de la banda de Ayers, aunque cada vez se sentía más frustrado en ella. Era el reclamo en directo de los Whole World, pero sus compañeros le seguían llamando ‘Little Michael’. Durante un tiempo el grupo convivió en una casa que Kevin alquiló en Tottenham. Allí éste le prestó una grabadora de dos pistas y David Bedford un órgano Farfisa, comenzando entonces a grabar su propia demo. Pensó: “Si voy a hacer mi propia pieza quiero un riff repetitivo al principio”. Trasteó con el Farfisa unos minutos y dio con un riff que le gustó. “Toqué aquel riff durante cinco minutos más o menos. Lo escuché otra vez y me impactó”. Se trataba del riff introductorio de Tubular Bells, un riff donde – a diferencia de la fuga de Bach  – las notas se fugaban en sentido ascendente, pero que debía su existencia a la impronta que ésta le había dejado en la infancia.

Quizá algunos consideren a Oldfield poco innovador después de conocer el origen de la famosa melodía de El Exorcista. David Bedford lo tenía claro en 1974 refiriéndose a la música de su amigo: “No es un gran innovador, no, pero es tan auténtico que sólo con escuchar unas cuantas notas es imposible que lo puedas confundir con otro. En una pieza de Mike hay una voz individual distintiva, aunque él sea todavía bastante joven. Y no tienes que ser necesariamente un innovador. Bach no fue un innovador, ni tampoco Gabrielli, Britten o Tippet.” La comparativa con Bach resulta cuanto menos morbosa.

En cualquier caso, desde hace 40 años, la popularidad de dicha melodía ha marcado la trayectoria musical del artista. En 1980 éste afirmaba que se había visto obligado a realizar variaciones de la misma en directo para no caer en el hastío. “El comienzo de ‘Tubular Bells’ es como una fórmula. Consiste en saltar de una cuerda a otra, aunque originalmente lo hice al piano. Pero esa fórmula se ha sobado tanto en películas y anuncios de televisión que pensé en hacer una versión diferente por mi cuenta.” Desde entonces no ha cesado en el intento de reinventarla, pero ya nos lo advirtió: “Hay millones de posibilidades diferentes, puedo hacer esto de forma interminable.”

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2 comentarios to “TUBULAR BACH (La fuga de ideas del pequeño Michael)”

  1. maguerrero Says:

    ¡¡¡¡ qué didáctico, si señor !!!! ¡¡¡¡ imprescindible recopilación del origen !!!!

    • Gobe Says:

      Gracias MA. Procuro aprovechar esta plataforma para difundir didácticamente la música que me gusta, intentando no caer en el narcisismo de otros blogs. Happy tubular year!

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