A YEAR IN THE LIVE (1994)

La trilogía de años memorables de conciertos se cerró en 1994. Llegarían otros en los años posteriores, pero ya no con aquella concentración significativa de artistas. El  año vino marcado por la última gira hasta la fecha de Pink Floyd, pero también nos reservó tres pequeños conciertos para el recuerdo: Pendragon, Maggie Reilly y Steve Hackett.

A Year In The Live (1994)

Pendragon (Barcelona, 27-4-94)

El álbum The Window of Life trajo de vuelta a la banda neo-progresiva Pendragon dos años después de su primera actuación en Barcelona. El mecenazgo de Pan y Música y la calidad de las composiciones había hecho subir la popularidad de la formación como la espuma, repercutiendo positivamente en la asistencia de público a la sala Zeleste.

El concierto se abrió con The Walls Of Babylon, esa mezcla de ambientes entre Shine On You Crazy Diamond y Watcher Of The Skies que sólo podía concebir Nick Barrett. Con el público ya en el bolsillo se fueron alternando temas de sus anteriores álbumes con los del nuevo, obviando tan solo el corte Ghosts de este último.

No sonaron las notas del clásico The Black Knight, pero sí las de Alaska, Higher Circles o Leviathan, así como las de otros temas más contemporáneos como Saved By You, The Mask y The Voyager.

Pendragon (The Window Of Life Stage)

El público disfrutó con la energía de la banda, que arriesgó con un bis basado en nuevas composiciones. Nostradamus, la primera de ellas, comenzó a fraguarse como favorito de la audiencia, coreando ésta sus últimos versos a modo de himno. El colofón fue marcado por Am I Really Losing You?, cuyo eléctrico solo final me transportó más allá de las puertas del delirio.

Dos años más tarde, después de otro concierto de Pendragon, me presentaron a un chico con una historia singular. En un momento de sinceridad explicó que a causa de una crisis amorosa había intentado suicidarse tiempo atrás. En el centro psiquiátrico donde estuvo internado se interesaron por el tipo de música que le gustaba y le permitieron que escuchara sus cintas en un walkman. Me impactó cuando afirmó que escuchando The Window Of Life había conseguido superar ese trance. Sin saberlo, la formación le había abierto las ventanas de la vida.

Pendragon Ticket (Barcelona, 27-4-94)

Maggie Reilly (Barcelona, 19-5-94)

La voz de Maggie Reilly se asocia inmediatamente con las canciones de Mike Oldfield. La sociedad comenzó a fraguarse a principios de los 80, cuando éste le pidió que le acompañara como corista en sus conciertos (se habían conocido a través de Chrys Lindop, novio de ésta y técnico de sonido del artista), pero fue a raíz de cantar sus temas de corte pop cuando su voz saltó al estrellato.

Durante las sesiones de grabación del álbum Crises, Maggie y su novio se alojaron en un apartamento situado bajo el estudio de grabación de Oldfield, en el jardín de su casa de Denham. No pagaban alquiler a cambio de estar a disposición del compositor. Esta familiar forma de trabajar resultó ser eficaz, pero en ocasiones la convivencia resultó difícil. “A pesar de que a veces nuestra relación podía ser tormentosa, juntos creamos algo único”, afirma Reilly.

Maggie Reilly aportó una parte importante de aquellos éxitos de Mike Oldfield, pero el artista parece atribuirlo más a su trabajo como compositor y productor. Quizá por ello la relación se enfrió con el tiempo, hasta el punto que en 1998 el representante de la escocesa declinó la oferta de que ésta cantase el tema Man In The Rain de Oldfield para Tubular Bells III. Sin embargo, cuando Maggie publicó su primer álbum en solitario (Echoes) en 1992 no faltaron canciones evocando su anterior vinculación con el multiinstrumentista de Reading.

Maggie Reilly Autograph (Echoes)

La promoción de su segundo álbum, Midnight Sun, llevó a Maggie Reilly a Barcelona. Invitada por la emisora de radio Cadena 100 se organizó una firma de autógrafos en la antigua Virgin Megastore del Paseo de Gracia y un concierto acústico en la sala La Tierra, pudiendo presenciar el mismo si se recogían las correspondientes invitaciones en la emisora.

Acompañada de un teclista y un guitarrista repasó algunos de sus temas, sin olvidarse de dos grandes éxitos de Oldfield, Moonlight Shadow y To France. Mención especial mereció una emocionante interpretación ‘a capella’ de la tradicional celta She Moved Through The Fair, que presentó como una canción que le cantaba su madre.

La velada no llegó a la hora de duración pero el ambiente creado fue muy íntimo. Cuando la artista abandonó definitivamente el escenario presentí que sería improbable que se repitiera la experiencia de nuevo. Verla junto a Oldfield lo resultaba más si cabe. “Hoy en día Mike está haciendo lo que quiere y yo estoy haciendo lo mío. ¡Qué extraño sería el mundo si no quisiéramos cambiar!”.

Maggie Reilly Ticket (Barcelona, 19-5-94)

Pink Floyd (Barcelona, 27-7-94)

La máquina del sonido despertó tras siete años de letargo. Unas sesiones improvisadas del trío en los estudios Britannia Row pusieron las semillas de lo que luego fue The Division Bell, decimocuarto álbum de la banda. Publicado a finales de marzo de 1994, el álbum entró rápidamente en las listas ayudado por sencillos como Keep Talking o Take It Back. Uno de los cortes nacidos de la improvisación, Marooned, obtuvo en 1995 el Grammy a la mejor interpretación instrumental de rock, el único conseguido por la formación en toda su dilatada historia.

La marca automovilística Volkswagen patrocinó la gira mundial que siguió a su lanzamiento y fabricó para conmemorarlo el modelo ‘Golf Pink Floyd’, dotado de un motor ecológico a petición del trío, que no quería un vehículo de tres puertas agresivo y ultra-rápido. “Uno podría pensar que un coche ecológico es una contradicción, al igual que un cocodrilo vegetariano, pero las cosas no son siempre blancas o negras”, bromeaba Nick Mason en su libro Inside Out.

La potencia del coche no parecía ser su rasgo característico, como tampoco lo fue del nuevo álbum si se comparaba con su predecesor. Sin embargo, la gira estaba llamada a superar al A Momentary Lapse Of Reason Tour tanto por la inversión en efectos especiales como en medios logísticos. No resultó extraño que a finales de año se anunciase que The Division Bell Tour se hubiera convertido en la gira más taquillera de la historia del rock hasta esa fecha.

Pink Floyd (1994 Tour Book Pictures)

A la hora de apertura de las puertas me encontraba esperando a unos amigos a pie del pebetero del Estadio Olímpico barcelonés. Allí me abordó una periodista radiofónica para preguntarme en directo el porqué de mi asistencia al concierto y qué esperaba de aquella noche. Hipnotizado eternamente por la experiencia de haber visto a los Floyd en vivo seis años antes, mi instinto me revelaba que el espectáculo estaría garantizado. Y no se equivocó. No en vano el show lumínico venía avalado por Marc Brickman, diseñador de luces de la ceremonia de apertura de los JJOO de Barcelona en 1992.

Las notas de Shine On You Crazy Diamond llenaron el estadio. El público ya volaba antes de que sonara Learning To Fly, iniciándose entonces un repaso a los temas más floridos de los dos álbumes publicados sin el liderazgo de Roger Waters. Y antes del descanso, un premio: el instrumental One Of These Days del álbum Meddle con David Gilmour a la steel guitar acompañado por sendos cerdos hinchables a cada lado del escenario y un efectivo juego de luces.

La segunda parte del setlist se abrió con una brillante versión de Astronomy Domine con proyecciones en la pantalla circular que recordaban la época psicodélica de la banda junto a Syd Barrett. Le siguió un repaso de sus temas más clásicos, haciendo hincapié en el álbum The Dark Side Of The Moon sin llegar a tocarlo en su totalidad como ocurriera en los conciertos de Londres que se grabaron para el DVD Pulse.

Y como un clásico más se abordó la interpretación de High Hopes, el tema estrella del nuevo álbum, con Gilmour de nuevo a la steel guitar en su soberbio solo final, tan sólo eclipsado más adelante por el solo de guitarra por antonomasia, el de Comfortably Numb, que despidió al trío y a sus ocho acompañantes de una audiencia que ya tocaba el cielo.

La fiesta concluyó con dos bises pertenecientes también a El Muro. En el inesperado Hey You (acreditado a Waters en el álbum) Gilmour pareció reivindicar como suya la brillante introducción acústica del tema. Run Like Hell, por contra, marcó el contrapunto eléctrico necesario para un magistral colofón sonoro.

Las luces del escenario hemisférico se apagaron pero la noche continuó brillando. Rodeado de amigos rendidos ante la majestuosidad escénica de Pink Floyd abandoné el césped, reverdecido con el dulzor de las notas musicales. Entonces, una bruma nos embriagó para siempre en aquella noche maravillosa.

Pink Floyd Ticket (Barcelona, 27-7-94)

Steve Hackett (Barcelona, 12-11-94)

La imagen del ex-guitarrista de Genesis pareció difuminarse después de haber formado parte del grupo GTR junto a Steve Howe de Yes en 1986. Unos proyectos colaborando con Brian May y un álbum instrumental acústico fue lo único novedoso que trascendió de él hasta que en 1993 publicara el brillante Guitar Noir.

Un año después me sorprendió que se programara un concierto ‘unplugged’ del artista, que no pisaba la ciudad condal desde que presentara con Genesis The Lamb Lies Down On Broadway dos décadas atrás. Le acompañaba a los teclados Julian Colbeck, que los aficionados al progresivo ya habíamos visto junto a ABWH en 1990. “Julian vino directamente desde Los Angeles y ensayamos esa misma tarde. Creí que iba a desplomarse o morirse, pero conseguimos un buen concierto”.

El concierto de la sala Estandard barcelonesa se trató del primero que realizó de esas características. Para la posteridad quedó la grabación realizada en el Teatro Metropolitan de Palermo unos días después (el 1 de diciembre), inmortalizada en el compacto There Are Many Sides To The Night.

Steve Hackett (1994 Portraits)

Abrió el concierto su composición bandera, Horizons, que publicara para Genesis en el álbum Foxtrox. Le siguieron otros temas con la guitarra acústica como única protagonista, presentando a Colbeck en el momento de abordar la interpretación de Kim, otro clásico instrumental del álbum Please Don’t Touch.

Como era de esperar la mayor parte de los temas del setlist pertenecían a sus álbumes acústicos Bay Of Kings (1983) y Momentum (1988). Interpretó también Walking Away From Rainbows de Guitar Noir pero llamó la atención que su más reciente álbum, Blues With A Feeling, no se viera representado. “‘Blues with a Feeling’ lo hice como un divertimento, pero pensé que la audiencia no lo aceptaría, ya que preferiría temas de mis otros discos y piezas de Genesis”, se defendía Hackett en una entrevista.

Efectivamente, el público enloquecía cada vez que efectuaba algún guiño acústico a temas genesianos como Cuckoo Cocoon, Blood On The Rooftops o Unquiet Slumbers For The Sleepers. El clímax llegó con la interpretación de Ace Of Wands, de su primer álbum en solitario, arreglado de manera muy efectiva para teclado como instrumento principal y guitarra acústica.

Conociendo la admiración del artista hacia Andrés Segovia la faena se hubiera podido rematar de haber sonado El noi de la mare, la canción tradicional catalana que aquél popularizó internacionalmente. Tuvimos que esperar hasta el álbum Tribute de 2008 para poder escuchar de manos del guitarrista inglés este clásico navideño, pero no por ello se deslució la actuación. “Fue un concierto maravilloso con una atmósfera increíble”.

Steve Hackett Ticket (Barcelona, 12-11-94)

 

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A year in the live (1992)

A year in the live (1993)

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